Es la ruta que va uniendo, disimuladamente, ciudades habitadas por fantasmas. La ruta es transitada, esta es la referencia económica de su significado: el asfalto facilita ese tránsito. No hay escollos que interrumpan el modesto fluir: desde Bahia Blanca, son curvas amables, dóciles, como de un caballo viejo y manso que quiere seguir trotando y acompañando a su dueño. En la fila del horizonte se ven las sierras de la ventana, y solamente el mito de la llanura se interrumpe, digamos a 100 km del inicio del recorrido, con algunas lomadas que anuncian otra geografía en otro recorrido, en otro punto cardinal. Una rotonda hace culminar la deducción: superamos la sierra desde la llanura, sabemos que en esa dirección está el mar y las vacaciones.
Pero no todo fue siempre vacaciones en esas playas. Pero tampoco podemos pensar que siempre haya estado la ruta. Está siempre, hacia el oeste, y hacia el norte y hacia el este, mientras vamos dejando el sur a nuestras espaldas, el horizonte, el llano. Algunas lagunas con flamencos rosados que comienzan a pensar en la migración, el esplendor de otras épocas en los poblados, la pampa seca, habitada también en una época por una extraña oleada inmigratoria de Europa.
La memoria del sendero se inscribe en muchas lenguas, incluso de raíces diferentes: la masa italo española no logró opacar la presencia prístina del anglosajón e incluso del celta, son las lenguas que trajeron el asfalto y la agricultura de exportación. Sin embargo persiste en la señalética la huella del habitante original de esos lugares.
La ruta 33 divide el terreno del indio y el territorio del huinca.
Insistimos: la ruta es transitada. Son camiones que van poblando y despoblando, trasladando la semilla de la planta, trasplantando lo que estuvo plantado. Pero al mismo tiempo, es recorrida. Los kilómetros se van haciendo en el tránsito, de manera obligada, de manera fatigada, y siempre con una activa y alegre participación de la vista. Quienes duermen en el viaje, no tienen la posibilidad de observar lo profundo, ni en esta ni en ninguna otra ruta del mundo. Para quien quiere observar, pareciera que dormir estuviera prohibido. Si el vehículo transita, la mirada entonces recorre: la mirada es contenedora, se sitúa en el vehículo, está posicionada desde él. Está en movimiento, y a la altura que el habitáculo da. Si es un automóvil, entonces la altura es variable y no tan amigable. De tratarse de un camión, la visión es mucho más profunda y aprovechable. Sobre todo en las primeras horas de la tarde, en las que el sol empieza a recostarse sobre el oeste, y al ser la ruta en su inicio de un recorrido marcadamente sur-norte, se estrella la luz y refulge sobre todas las cosas que están orientalizadas.
La mirada disfruta la luz y la contraluz, es posible que sea incandilada. Esa misma luz que explota a la vez que guía el recorrido, es la que por la noche se quiebra en la aparición espectral. Esta es una ruta poblada: hay camiones y fantasmas.
El lugar ideal de lo fantasmático no es la casa, sino la ruta. Las historias de apariciones son mucho más jugosas e incluso numerosas en los lugares de paso que en los lugares de estancia. La necesidad de saber más de esa aparición está en el origen de las historias populares de todas las sociedades del planeta. Aparece el fantasma, empieza la historia.
El fantasma está en el lugar, pero sobre todo está en la visión: no todos logran ver. Por ejemplo, entre las cosas que no ve el que duerme, está el horror de la aparición.
También hay algo que mira y es mirado: imposible escapar en enero a la visión de la sesión de hipnosis del campo de girasol: las cabezas apuntando como un ejército de aceite, todos hacia un mismo lado, quintales y quintales, extensas extensiones de miles de hectareas de plantas de girasol, todas mirando hacia un mismo poniente. Dan ganas de detenerse a extrangular uno a uno esos seres del color del sol. La antropomorfia del girasol nos presenta el dilema: ¿es acaso arrancar un girasol algo que se traduciría en instinto asesino?
La ruta es transitada, y es recorrida. Pero sobre todo es atravesada.
Pero qué lo que lo atraviesa? acaso no es la misma ruta la que atraviesa?
Se puede decir que atraviesa y es atravesada, es motor y es movimiento. La consecusión de su camino, el asfalto, se plantea en la contradicción.
Atraviesa una pampa (dos pampas), como otras rutas atraviesan cadenas montañosas, o bosques, o infiernos y purgatorios. No hay paraísos ni en el principio ni en el medio ni en el final de la 33. La ruta atraviesa la riqueza productora de un país, lo que moviliza gran parte de su economía. Y al mismo tiempo es atravesada por lo que la recorre: la luz, el hombre.
Estamos locos de llanura: no poder comprender la propia geografía es no querer asumir el propio relieve. No tiene mal la llanura, al contrario: el llano habla mucho del viento. El viento no solo sabe hablar del mar y de las velas, de los viajes de los piratas y los conquistadores. El viento hace la música cuando silba sobre lo sólido: la caña, el cañaveral, la cañada.
Son pequeños arroyuelos que atraviesan el llano, llevan agua semiestancada. Acumulan agua, y reformulan la arcillocidad de la tierra. Porque esta tierra, fértil de por sí, permeable y de grandes posibilidades de cultivo, está tan organizada, tan lógicamente pensada, que describe en algún modo el modo en que sería el pensamiento de Dios, si fuera que se hubiese puesto un dios a pensar en estas cosas.
martes, 12 de mayo de 2015
jueves, 2 de octubre de 2014
lunes, 15 de septiembre de 2014
viernes, 12 de septiembre de 2014
relato de fin del invierno, con fotos de su inicio
Hay un paisaje de la pampa que desaparece con la el final de
la estación invernal. Lo tenemos tan naturalizado que ya ni nos tomamos el
trabajo de sorprendernos. Sin embargo, sería un éxito si lo presentara en un
espectáculo un mago: primero mostraría un vasto terreno vacío y aparentemente
yermo, y luego, haciendo alarde de su posibilidad de cambiar la iluminación,
eso que parece muerto revive, lo que era marrón se hace verde, lo que estaba
seco se humedece, lo que en nuestra mente parecía triste, por esa misma cultura
ahora resulta alegre.
No hay tiempo para contemplaciones, sin embargo es cuestión
de un segundo ponerse en la piel de un extranjero. Esa tierra que dominamos con
la mirada comienza su transformación.
Quedan los registros de lo que fue hace unos
días, que es el registro de que el paso del tiempo no se detiene. El plátano parece ser un árbol traído de otro país que se ha adaptado muy bien a la configuración de las ciudades pampeanas. Durante el invierno se despojan de su follaje y en esta época ya están repletos de verde otra vez, preparan para cuidar con su generosa sombra a los paseantes en los parques, a los viajantes en las rutas, un oasis para un descanso en la tarde calurosa.
Fuera de esto, algo hay que decir de su nombre y de su relación con el dinero.
viernes, 29 de agosto de 2014
Tipo Topper
Salí temprano, pasé por la YPF del cruce de rutas. Compré café
y prendí la radio, no paré de pensar en círculos. En Venado pasé por el
desarmadero, miré y miré varias veces, es mi lugar favorito.
La mina del peaje me mira, o yo creo que me mira, yo si la
miro, la miro firme, después de mirarla así un rato se tendrá que ir a bañar.
Hay agua de los dos lados, Murphy es un no lugar hasta Firmat. Los ojos del
viejo que vende churros en Villada, en el semáforo, a cien metros del negocio
que vende zapatillas tipo Topper.
Chabás es primo de Sanford que es hijo de Casilda y hermano
de Zavalla. Pujato es un barrio. Pérez una república.
Los finales de las canciones, los finales de las rutas, los finales del amor.
Se queman los fusibles, los finales se maquillan, y los
penales se yerran. Y entre medio vivimos, y nos reímos y tratamos de comprender
lo que no tiene sentido, espero que el tiempo juegue a nuestro favor, aunque
sea por un tiempo, aunque el dolor sea inevitable.
Me despiertan los despertadores de los vecinos que no
conozco, y no me duerme nada. Vos sabés que tengo 32 años y no me colonizaron
el espíritu, pero casi, porque cuando no estás no se que hacer, y vos no estás
nunca y pronto sale el sol.
El otro día volviendo entré a Sanford, y mientras
estacionaba detrás de una arboleda pensé que nosotros casi siempre nos
preocupamos por el decorado, porque a lo más importante lo tenemos, no te
olvides nunca de eso. Nosotros nos preocupamos por minas, guita, boludeces...a
lo fundamental de la vida, a lo que hace que todo tenga intensidad y arda lo
tenemos, y no nos lo puede sacar nadie. Eso es invaluable, y es tan así que la
gente que no lo tuvo nunca no lo puede siquiera percibir. Soy un soberbio, un egocéntrico.
Pero los dos sabemos que lo que te digo es verdad.
Puro frenesí, puro ardor. Igual tengo secretos, es que todavía
no me animo a vaciarte la papelera de reciclaje en la cara. Nada malo, heridas,
cicatrices y esas cosas que tenemos todos y manejamos como podemos. Y me
acuerdo de Richi, como habla Richi! Me encanta escucharlo, aunque mi déficit de
atención me impide seguir su recorrido por más de tres minutos seguidos. Si,
tres minutos, lo que dura una canción. Ayer hice dos canciones más, no me
salieron buenas, patiné en las melodías. Venía patinando en armonías pero ayer
me fui al pasto. Igual seguiré, no voy a parar, quiero seguir escribiendo
canciones todos los días de mi vida.
Hoy no estoy para nadie, me llamaron de un
par de números raros, no se si serán clientes o acreedores pero no atendí, no
tengo mucha guita en la billetera, pero no atendí, tengo el melón en otro lado,
vos sabés donde, no se si hago bien, pero las cosas son y hay que hacerse cargo,
como el otro día que te dije que las canciones me iban a tener que dar de comer
porque no voy a hacer otra cosa.
Ya conocimos el terciopelo, y aunque somos dos linyeras
colados en el vagón de los nenes bien, aprendimos a hacer fuego con dos palitos
y quemarnos el lomo. El corazón no para nunca, y la cabeza menos. El tiempo
pasa de prisa, como los autos en la autopista que va a Córdoba, pero nosotros
somos la Ruta 33 en camión, downtempo, la historia es el viaje.
jueves, 28 de agosto de 2014
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