viernes, 12 de septiembre de 2014

relato de fin del invierno, con fotos de su inicio


Hay un paisaje de la pampa que desaparece con la el final de la estación invernal. Lo tenemos tan naturalizado que ya ni nos tomamos el trabajo de sorprendernos. Sin embargo, sería un éxito si lo presentara en un espectáculo un mago: primero mostraría un vasto terreno vacío y aparentemente yermo, y luego, haciendo alarde de su posibilidad de cambiar la iluminación, eso que parece muerto revive, lo que era marrón se hace verde, lo que estaba seco se humedece, lo que en nuestra mente parecía triste, por esa misma cultura ahora resulta alegre.
No hay tiempo para contemplaciones, sin embargo es cuestión de un segundo ponerse en la piel de un extranjero. Esa tierra que dominamos con la mirada comienza su transformación.
Quedan los registros de lo que fue hace unos días, que es el registro de que el paso del tiempo no se detiene.


 





El plátano parece ser un árbol traído de otro país que se ha adaptado muy bien a la configuración de las ciudades pampeanas. Durante el invierno se despojan de su follaje y en esta época ya están repletos de verde otra vez, preparan para cuidar con su generosa sombra a los paseantes en los parques, a los viajantes en las rutas, un oasis para un descanso en la tarde calurosa.
Fuera de esto, algo hay que decir de su nombre y de su relación con el dinero.



viernes, 29 de agosto de 2014

Tipo Topper

Salí temprano, pasé por la YPF del cruce de rutas. Compré café y prendí la radio, no paré de pensar en círculos. En Venado pasé por el desarmadero, miré y miré varias veces, es mi lugar favorito.
La mina del peaje me mira, o yo creo que me mira, yo si la miro, la miro firme, después de mirarla así un rato se tendrá que ir a bañar. Hay agua de los dos lados, Murphy es un no lugar hasta Firmat. Los ojos del viejo que vende churros en Villada, en el semáforo, a cien metros del negocio que vende zapatillas tipo Topper.
Chabás es primo de Sanford que es hijo de Casilda y hermano de Zavalla. Pujato es un barrio. Pérez una república.          
       


Los finales de las canciones, los finales de las rutas, los finales del amor.

Se queman los fusibles, los finales se maquillan, y los penales se yerran. Y entre medio vivimos, y nos reímos y tratamos de comprender lo que no tiene sentido, espero que el tiempo juegue a nuestro favor, aunque sea por un tiempo, aunque el dolor sea inevitable.
Me despiertan los despertadores de los vecinos que no conozco, y no me duerme nada. Vos sabés que tengo 32 años y no me colonizaron el espíritu, pero casi, porque cuando no estás no se que hacer, y vos no estás nunca y pronto sale el sol.
El otro día volviendo entré a Sanford, y mientras estacionaba detrás de una arboleda pensé que nosotros casi siempre nos preocupamos por el decorado, porque a lo más importante lo tenemos, no te olvides nunca de eso. Nosotros nos preocupamos por minas, guita, boludeces...a lo fundamental de la vida, a lo que hace que todo tenga intensidad y arda lo tenemos, y no nos lo puede sacar nadie. Eso es invaluable, y es tan así que la gente que no lo tuvo nunca no lo puede siquiera percibir. Soy un soberbio, un egocéntrico. Pero los dos sabemos que lo que te digo es verdad.
Puro frenesí, puro ardor. Igual tengo secretos, es que todavía no me animo a vaciarte la papelera de reciclaje en la cara. Nada malo, heridas, cicatrices y esas cosas que tenemos todos y manejamos como podemos. Y me acuerdo de Richi, como habla Richi! Me encanta escucharlo, aunque mi déficit de atención me impide seguir su recorrido por más de tres minutos seguidos. Si, tres minutos, lo que dura una canción. Ayer hice dos canciones más, no me salieron buenas, patiné en las melodías. Venía patinando en armonías pero ayer me fui al pasto. Igual seguiré, no voy a parar, quiero seguir escribiendo canciones todos los días de mi vida. 
Hoy no estoy para nadie, me llamaron de un par de números raros, no se si serán clientes o acreedores pero no atendí, no tengo mucha guita en la billetera, pero no atendí, tengo el melón en otro lado, vos sabés donde, no se si hago bien, pero las cosas son y hay que hacerse cargo, como el otro día que te dije que las canciones me iban a tener que dar de comer porque no voy a hacer otra cosa.
Ya conocimos el terciopelo, y aunque somos dos linyeras colados en el vagón de los nenes bien, aprendimos a hacer fuego con dos palitos y quemarnos el lomo. El corazón no para nunca, y la cabeza menos. El tiempo pasa de prisa, como los autos en la autopista que va a Córdoba, pero nosotros somos la Ruta 33 en camión, downtempo, la historia es el viaje.

                

jueves, 28 de agosto de 2014

domingo, 27 de julio de 2014

Ya se fueron

Esperamos demasiado del amor, y la culpa la tienen las películas. Mientras tanto viajamos eternamente en el Monticas por esa ruralidad mal entendida que es la Pampa húmeda.
Mientras viajamos comenzamos a idealizar nuestro destino. Las historias de amor del cine, tan intangibles, tan redondas, tan superadoras, hacen ver las nuestras como borradores, como garabatos circulares que escribió el hermano bobo del director, el  que labura de chef y sueña con coger sin pagar alguna vez en la vida.     
Como Rosario es la Chicago criolla, esta zona pasa a ser arbitrariamente, y porque yo lo digo, la Nashville. Allí encontraremos una de las pocas fábricas de guitarras industriales del país y nativos que les indicarán con inédita y hasta exagerada simpatía a los camioneros donde hacen el mejor vaciopan del condado. Lugares sórdidos donde podremos adquirir infusiones y alimentos de gran calidad por un par de monedas.
Necesitamos un cuento para ser felices, o para ser más felices en caso de haber obtenido la felicidad en la precuela del film. Cosa que dudo.
Presiento que Dios debe estar aburrido y por eso inventa estas cosas; la felicidad, el amor. Dios creó a Hollywood a su imagen y semejanza. O fue al revés.
Soy capaz de hacer tantas cosas por amor como soy capaz de hacerlas por comida.
Mientras tanto nos sacamos fotos y no conseguimos salir bien en ninguna; Siempre con los ojos cerrados. Vos siempre haciendo muecas raras.
Ya es de noche, y la ruta 33 sugiere una película de terror malísima. Cuando es de día la insignificancia cotidiana brilla desesperadamente. El amor, que no es otra cosa que la colectora de lo que pensamos que es, es, básicamente, esa cotidianeidad.
Los que tienen la posta ya se fueron, quedamos nosotros, los que no aprendimos a esquivar las balas, los que conocemos la ruta pero no sabemos manejar.